Dois séculos do
nascimento de Charles Darwin
12 de fevereiro
de 1809. Nesta data, 200 anos atrás, nascia o grande
cientista britânico Charles Darwin, cuja contribuição
científica tem até hoje grande importância para todas as
áreas do conhecimento. Darwin foi autor de uma vasta
publicação científica, tendo destaque seu estudo sobre a
seleção natural.
Abaixo,
reproduzimos artigo de Alfredo Iglesias Diéguez onde o autor
expõe a importância e os desdobramentos que a teoria
darwinista traz para a sociedade e, ao mesmo tempo, denuncia
a deturpação que a burguesia faz desta teoria para
justificar sua dominação e opressão sobre o povo.
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JEP 6
En el bicentenario
del nacimiento de Darwin
En 1859, mediante
la publicación del Origen de las especies, el
naturalista británico Charles Darwin (Shrewsbury, 12/02/1809
– Down, 19/04/1882) , que realizara un viaje alrededor del
mundo a bordo del Beagle (1831-1836) durante el cual había
recogido gran cantidad de materiales y realizado detalladas
observaciones científicas, inauguraba un nuevo continente
científico: la biología evolutiva.
Efectivamente, la biología evolutiva
la fundó Darwin al formular una novedosa respuesta al hecho
de la variedad biológica observada por él -quien en El
origen de las especies se preguntaba: “¿que puede
haber más curioso que el hecho de que la mano del hombre,
hecha para coger; la del topo, hecha para escavar; la pata
del caballo, la aleta de la marsopa y el ala del murciélago,
estén constituidas todas ellas según el mismo patrón y
tengan huesos semejantes en las mismas posiciones?”- y
por otros muchos naturalistas antes que él, “al amparo de
la teoría de la selección de pequeñas variaciones sucesivas”.
He ahí el núcleo central del descubrimiento darwinista,
alrededor del que gira toda su teoría evolutiva: la
diversidad biológica es producto de la evolución por medio
de la selección natural, lo que sitúa a la evolución junto a
otros hechos naturales como el crecimiento ontogenético de
todos los seres vivos, la congelación del agua a 0º C, la
atracción gravitatoria de los cuerpos o el movimiento de
traslación de la Tierra alrededor del Sol.
Cierto es que muchas de las pruebas y
de los argumentos científicos que demuestran la existencia
objetiva e independiente del pensamiento humano de la
evolución, eran desconocidas para el propio Darwin, sin ir
más lejos todas las pruebas genéticas. En ese sentido, pues,
son precisas dos observaciones fundamentales:
- primera, Darwin no elaboró una
teoría cerrada, tan solo inauguró una línea de
investigación continuada por todas las científicas y por
todos los científicos (Weismann, Dobzhansky, Mayr,
Simpson, Cordón...) que en los últimos 150 anos
descubrieron las abundantes pruebas anatómicas,
embriológicas, paleontológicas, moleculares y
citogenéticas que permiten demostrar que la evolución es
un hecho;
- segunda, Darwin propuso una
teoría para explicar un hecho: la diversidad biológica,
que de acuerdo con sus observaciones se produce como
consecuencia de la evolución por medio de la selección
natural [Quizás en este punto es necesaria una nota
aclaratoria: las teorías, de las que existen varias en
relación con el hecho evolutivo (darwinista o teoría
sintética de la evolución, saltacionista o cuántica,
neutralista...), son los discursos científicos
construidos en el marco de un programa de investigación
científica para explicar un hecho, en este caso la
evolución, por lo que es necesario no confundir nunca la
teoría explicativa con el hecho que se explica, un erro
producto de la ignorancia y de la falta de formación
científica en el que incurren a menudo los creyentes que
se oponen a la “teoría de la evolución”].
Ahora bien, ese descubrimiento
científico tuvo una gran transcendencia social debido a las
consecuencias sociales, morales y políticas que de él se
deducían, enseguida entrevistas por los coetáneos de Darwin.
Efectivamente, la evolución, al ofrecer una explicación
científica del origen de la vida -extensiva a la humanidad-,
en la que las fuerzas ajenas a la propia naturaleza eran
innecesarias, destruía el mito de la Creación, condición
necesaria para la existencia de las almas; en este sentido,
pues, el descubrimiento del hecho evolutivo liberaba a la
humanidad de la tutela religiosa, lo que permitía pasar del
viejo mundo dominado por la Iglesia, aquel en el que “Dios
hacía la historia”, a un nuevo mundo dominado por las
instituciones humanas en el que “los hombres hacen la
historia” y la “humanidad se convertía en la protagonista de
sus actos”.
Precisamente por esa razón, a partir
del momento en que se publicó El origen de las especies,
hace ahora 150 años, se establecieron, al margen de la
práctica científica darwinista, dos actitudes diferentes
frente al hecho evolutivo:
- una actitud de oposición, que es
la que, a pesar de las diferentes estrategias empleadas
ya sea por los integristas (tanto cristianos como
musulmanes, judíos o budistas), que afirman que la
evolución es una teoría falsa y defienden la veracidad
de la Creación, ya sea por los integradores, que
defienden un evolucionismo teísta en el que la creación
(del mundo y del alma) completa la evolución, mantiene
la Iglesia (ciertamente, todas las iglesias y todos los
credos), con el fin de mantener, como señala Telmo
Pievani en Creación sin Dios (Akal, 2008), el
sagrado orden natural y moral, desde el cual pueden
seguir adoctrinando a los fieles; y,
- una actitud de apropiación, de
uso y abuso del discurso científico darwinista, que es
la que protagoniza la burguesía y que tiene por objeto
naturalizar las desigualdades sociales para de esa
forma, a pesar del discurso de la “libertad, fraternidad,
igualdad”, mantener las condiciones de subordinación
bajo el designio no ya divino, sino natural. ¡Que mejor
forma que esa de legitimar la explotación! “Los hombres
nacen libres”, cierto, pero sometidos a unos
condicionantes biológicos que determinan lo que han de
ser en la vida: una estrategia imprescindible para
legitimar el nuevo orden burgués, construido
precisamente frente al orden divino precisamente a lo
largo del siglo XIX. Ahí están, en ese sentido, el
socialdarwinismo decimonónico y todos sus epígonos
actuales, entre ellos el determinismo genético, que son
más un discurso ideológico que una ciencia, a pesar de
que usen argumentos científicos.
Frente a esos dos discursos
ideológicos de dominación, el que mantiene la Iglesia (las
iglesias) y el que mantiene la burguesía, ya los científicos
y filósofos sociales coetáneos de Darwin, como Marx y Engels,
comprendieron que la teoría darwinista era una herramienta
necesaria y complementaria de la que ellos mismos estaban
construyendo para la transformación del mundo; no en vano,
Engels -el mismo que en 1876 escribiera El papel del
trabajo en la transformación del mono en hombre-, en el
discurso pronunciado delante de la tumba de Marx el 17 de
marzo de 1883 -once meses después de la muerte de Darwin-,
afirmó: “del mismo modo que Darwin descubrió la ley de la
evolución de la naturaleza orgánica -que en una carta que
Marx le dirigiera a Engels reconocía que era el “fundamento
histórico-natural de nuestra idea”-, Marx descubrió la ley
de la evolución de la naturaleza humana”.
He ahí la razón por la que hoy, 150
anos después de la publicación del Origen de las especies,
recuperar a Darwin es una tarea urgente y necesaria en tanto
que nos sitúa en un espacio vacío, liberado de la tutela de
los dioses -que existen, pero porque los creamos los
humanos- y de su orden natural y moral y al margen de la
abusiva determinación genética, en el que desarrollar
autónomamente nuestra libertad creadora y transformadora.
Las humanas y
los humanos somos, a la luz de nuestro origen biológico,
iguales y diversos, esa debe ser la piedra angular de
nuestra actuación política y moral.
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