LA
REFORMA UNIVERSITARIA
IDEOLOGÍA Y REINVINDICACIONES
José Carlos Mariategui(*)
El
movimiento estudiantil que se inició con la lucha de
los estudiantes de Córdoba, por la reforma de la Universidad,
señala el nacimiento de la nueva generación latinoamericana.
La inteligente compilación de documentos de la reforma
universitaria en la América Latina realizada por Gabriel
del Mazo, cumpliendo un encargo de la Federación Universitaria
de Buenos Aires, ofrece una serie de testimonios fehacientes
de la unidad espiritual de este movimiento. El proceso de la
agitación universitaria en la Argentina, el Uruguay,
Chile, Perú, etc., acusa el mismo origen y el mismo impulso.
La chispa de la agitación es casi siempre un incidente
secundario; pero la fuerza que la propaga y la dirige viene
de ese estado de ánimo, de esa corriente de ideas que
se designa -no sin riesgo de equívoco- con el nombre
de "nuevo espíritu". Por esto, el anhelo de
la reforma se presenta, con idénticos caracteres, en
todas las universidades latinoamericanas. Los estudiantes de
toda la América Latina, aunque movidos a la lucha por
protestas peculiares de su propia vida, parecen hablar el mismo
lenguaje.
De igual modo, este movimiento se presenta íntimamente
conectado con la recia marejada posbélica. Las esperanzas
mesiánicas, los sentimientos revolucionarios, las pasiones
místicas propias de la posguerra, repercutían
particularmente en la juventud universitaria de Latinoamérica.
El concepto difuso y urgente de que el mundo entraba en un ciclo
nuevo, despertaba en los jóvenes la ambición de
cumplir una función heroica y de realizar una obra histórica.
Y, como es natural, en la constatación de todos los vicios
y fallas del régimen económico social vigente,
la voluntad y el anhelo de renovación encontraban poderosos
estímulos. La crisis mundial invitaba a los pueblos latinoamericanos,
con insólito apremio, a revisar y resolver sus problemas
de organización y crecimiento. Lógicamente, la
nueva generación sentía estos problemas con una
intensidad y un apasionamiento que las anteriores generaciones
no habían conocido. Y mientras la actitud de las pasadas
generaciones, como correspondía al ritmo de su época,
había sido evolucionista-a veces con un evolucionismo
completamente pasivo- la actitud de la nueva generación
era espontáneamente revolucionaria.
La ideología del movimiento estudiantil careció,
al principio, de homogeneidad y autonomía. Acusaba demasiado
la influencia de la corriente wilsoniana. Las ilusiones demoliberales
y pacifistas que la predicación de Wilson puso en boga
en 1918-19 circulaban entre la juventud latinoamericana como
buena moneda revolucionaria. Este fenómeno se explica
perfectamente. También en Europa, no sólo las
izquierdas burguesas sino los viejos partidos socialistas reformistas
aceptaron como nuevas las ideas demoliberales elocuente y apostólicamente
remozadas por el presidente norteamericano.
Únicamente a través de la colaboración
cada día más estrecha con los sindicatos obreros,
de la experiencia del combate contra las fuerzas conservadoras
y de la crítica concreta de los intereses y principios
en que se apoya el orden establecido, podían alcanzar
las vanguardias universitarias una definida orientación
ideológica.
Este es el concepto de los más autorizados portavoces
de la nueva generación estudiantil, al juzgar los orígenes
y las consecuencias de la lucha por la Reforma. Todos convienen
en que este movimiento, que apenas ha formulado su programa,
dista mucho de proponerse objetivos exclusivamente universitarios
y en que, por su estrecha y creciente relación con el
avance de las clases trabajadoras y con el abatimiento de viejos
privilegios económicos, no puede ser entendido sino como
uno de los aspectos de una profunda renovación latinoamericana.
[...]
Es, en todo caso, un hecho uniformemente observado la formación,
al calor de la Reforma, de núcleos de estudiantes que,
en estrecha solidaridad con el proletariado, se han entregado
a la difusión de avanzadas ideas sociales y al estudio
de las teorías marxistas. El surgimiento de las universidades
populares, concebidas con un criterio bien diverso del que inspiraba
en otros tiempos tímidos tanteos de extensión
universitaria, se ha efectuado en toda la América Latina
en visible concomitancia con el movimiento estudiantil. De la
Universidad han salido, en todos los países latinoamericanos,
grupos de estudiosos de economía y sociología
que han puesto sus conocimientos al servicio del proletariado,
dotando a éste, en algunos países, de una dirección
intelectual de que antes había generalmente carecido.
Finalmente, los propagandistas y fautores más entusiastas
de la unidad política de la América Latina son,
en gran parte, los antiguos líderes de la Reforma Universitaria
que conservan así su vinculación continental,
otro de los signos de la realidad de la "nueva generación".
[...]
POLÍTICA Y ENSEÑANZA UNIVERSITARIA EN AMÉRICA
LATINA
El régimen económico y político determinado
por el predominio de las aristocracias coloniales -que en algunos
países hispanoamericanos subsiste todavía aunque
en irreparable y progresiva disolución-, ha colocado
por mucho tiempo las universidades de la América Latina
bajo la tutela de estas oligarquías y de su clientela.
Convertida la enseñanza universitaria en un privilegio
del dinero, si no de la casta, o por lo menos de una categoría
social absolutamente ligada a los intereses de uno y otra, las
universidades han tenido una tendencia inevitable a la burocratización
académica. Era éste un destino al cual no podían
escapar ni aun bajo la influencia episódica de alguna
personalidad de excepción.
El objeto de las universidades parecía ser, principalmente,
el de proveer de doctores o rábulas a la clase dominante.
El incipiente desarrollo, el mísero radio de la instrucción
pública, cerraban los grados superiores de la enseñanza
a las clases pobres (La misma enseñanza elemental no
llegaba -como no llega ahora- sino a una parte del pueblo).
Las universidades, acaparadas intelectual y materialmente por
una casta generalmente desprovista de impulso creador, no podían
aspirar siquiera a una función más alta de formación
y selección de capacidades. Su burocratización
las conducía, de un modo fatal, al empobrecimiento espiritual
y científico.
[...]
El
movimiento de la Reforma tenía lógicamente que
atacar, ante todo, esta estratificación conservadora
de las Universidades. La provisión arbitraria de las
cátedras, el mantenimiento de profesores ineptos, la
exclusión de la enseñanza de los intelectuales
independientes y renovadores, se presentaban claramente como
simples consecuencias de la docencia oligárquica. Estos
vicios no podían ser combatidos sino por medio de la
intervención de los estudiantes en el gobierno de las
universidades y el establecimiento de las cátedras y
la asistencia libres, destinadas a asegurar la eliminación
de los malos profesores a través de una concurrencia
leal con hombres más aptos para ejercer su magisterio.
[...]
Las mayorías docentes adoptaron una actitud de rígida
e impermeable intransigencia contra los grandes principios de
la Reforma Universitaria, el primero de los cuales había
quedado proclamado teóricamente desde el Congreso Estudiantil
de Montevideo, y así en la Argentina como en el Perú,
lograron el reconocimiento oficial debido a favorables circunstancias
políticas, cambiadas las cuales se inició, por
parte de los elementos conservadores de la docencia, un movimiento
de reacción, que en el Perú ha anulado ya prácticamente
casi todos los triunfos de la Reforma, mientras en la Argentina
encuentra la oposición vigilante del alumnado, según
lo demuestran las recientes agitaciones contra las tentativas
reaccionarias.
[...]
Con
el nacimiento de una corriente socialista y la aparición
de una conciencia de clase en el proletariado urbano, interviene
ahora en el debate un factor nuevo que modifica sustancialmente
sus términos. La fundación de las universidades
populares González Prada, la adhesión de la juventud
universitaria al principio de la socialización de la
cultura, el ascendiente de un nuevo ideario educacional sobre
los maestros, etc., interrumpen definitivamente el erudito y
académico diálogo entre el espíritu demoliberal-burgués
y el espíritu latifundista y aristocrático.
(José Carlos Mariátegui: Siete ensayos de interpretación
de la realidad peruana. Lima, Amauta, 1987 [primera edición
de 1928]. Fragmentos del capítulo IV: "El proceso
de la Instrucción Pública").
(*)
Mariategui, histórico marxista peruano, deu grandes aportes
à interpretação da realidade em paises
coloniais e semi-coloniais, produziu inumeras obra s sobre a
realidade peruana e latino-americana.