2 de outubro não
será esquecido
No dia 2 de
outubro de 2008 completaram-se 40 anos do triste episódio
ocorrido no México, quando o Estado reprimiu violentamente
uma manifestação de milhares de estudantes e trabalhadores
na Praça das Três Culturas em Tlatelolco, Cidade do México.
Centenas de
estudantes foram assassinados pelo exército e polícia que,
com carros blindados e tanques, avançaram contra a multidão
de jovens. Por todo o mundo a juventude saía às ruas e
propagava seu ardente desejo de transformação revolucionária
da sociedade. Os estudantes e trabalhadores da Cidade do
México ainda exigiam, na ocasião, a retirada das tropas
militares que invadiam a UNAM - Universidade Nacional
Autônoma do México - por ordem direta do então presidente
Gustavo Diaz.
Reproduzimos
abaixo um artigo sobre o Massacre de Tlatelolco, como ficou
conhecido.
A 40 años:
¡2 de octubre no se olvida!
Monumento construído em homenagem aos manifestantes
assassinados
El
día de ayer se recordó la masacre que el gobierno mexicano
llevó a cabo hace cuatro décadas en la Plaza de las Tres
Culturas de Tlatelolco para terminar abruptamente el
Movimiento Estudiantil-Popular de 1968. Este ha sido uno de
los crímenes de Estado más aterradores que se registran en
la historia del México contemporáneo. El ataque contra una
multitud pacífica e indefensa se realizó con todos los
agravantes de ley: premeditación, alevosía y ventaja, y en
él participaron como autores materiales el Ejército en
uniforme y sin uniforme, esto es, el grupo paramilitar
denominado Batallón Olimpia, y los francotiradores
apostados en las azoteas de los edificios próximos, los
diversos cuerpos policiacos y de inteligencia de la época.
Los autores intelectuales más señalados son el ex presidente
de la República Gustavo Díaz Ordaz; su secretario de
Gobernación, Luis Echeverría Álvarez; los mandos militares
de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y el Estado
Mayor Presidencial, así como diversos altos funcionarios de
la policía y del entonces Departamento del Distrito Federal.
Ninguno de los responsables materiales e intelectuales ha
sido castigado por ese delito de lesa humanidad, por lo que
a 40 años priva la impunidad. Este acontecimiento cimbró
para siempre a una generación que guarda en su memoria una
lección indeleble: la clase en el poder recurre al uso de la
violencia genocida si considera amenazados sus intereses y
privilegios.
El movimiento de 1968 es la culminación de una década de
intensas luchas populares que se inició a partir de la
represión de la huelga ferrocarrilera de 1959; el asesinato
de Rubén Jaramillo, en 1962; el activismo del Movimiento
Revolucionario del Magisterio; los movimientos huelguísticos
de los telegrafistas y los médicos, y las acciones de una
franja importante de grupos que optaban por la lucha armada
bajo la influencia del triunfo de la Revolución Cubana. La
década de los 60 es una fragua de acciones, debates,
acontecimientos que ponen en el centro la posibilidad de la
revolución: recordemos que en estos años la comprensión
equívoca de la experiencia cubana deriva en muchos casos en
un foquismo esquemático y tiene amplias repercusiones que
culminan con el apresamiento y asesinato de Ernesto Che
Guevara en la Bolivia de 1967. El subcontinente
latinoamericano era un rosario de movimientos guerrilleros y
de grupos armados en preparación a los que no escapa México.
La discusión sobre el reformismo de los partidos comunistas
tradicionales se “subsanaba” en muchos países con grupos
clandestinos que tenían como meta la acción armada. El
movimiento estudiantil tomó a los militantes profesionales
de esas organizaciones revolucionarias por sorpresa, dado
que sus perspectivas apuntaban a sectores “estratégicos”: la
clase obrera, y como aliado “secundario”, el campesinado.
Los estudiantes, aunque constituían una de las fuentes
importantes de reclutamiento de esos organismos, no eran
apreciados como un sujeto revolucionario capaz de impulsar
un proceso de la envergadura del que se inició el 26 de
julio de 1968, a raíz de una violenta represión policiaca a
la manifestación de apoyo a la Cuba revolucionaria en esa
fecha significativa.
Antes de estallar el movimiento, las llamadas “sociedades de
alumnos” eran una forma organizativa muy
común entre el estudiantado, aun en aquellos centros
educativos con hegemonía de la izquierda. El movimiento
tornó obsoletas esas estructuras que en algunos casos eran
utilizadas por el partido oficial para la cooptación de
dirigentes estudiantiles, surgiendo en su lugar los comités
de lucha nombrados en asambleas generales, cuyos delegados
integrarían el Consejo Nacional de Huelga, una forma
democrática de organización que funcionó hasta el final
sorpresivo del movimiento.
El 68 se caracterizó por sus grandes y combativas marchas:
las de agosto y septiembre, la del silencio, la de las
antorchas; se recuerda por la generosidad, alegría,
irreverencia e imaginación de esa generación marcada por un
movimiento que le dio una señal de identidad. Este
movimiento se integró principalmente por estudiantes y
profesores (pero también por padres y madres solidarios) de
las distintas escuelas y facultades de la UNAM, el
Politécnico, la Escuela Nacional de Antropología e Historia,
aunque se sumaron rápidamente alumnos de la educación media
y superior de escuelas y universidades de diversas
procedencias sociales, e incluyeron a no pocos estudiantes
de centros universitarios privados incorporados a las
brigadas de información y propaganda que recorrían la ciudad
y constituyeron un efectivo medio de comunicación que se
enfrentó con éxito a los grandes medios controlados por el
gobierno.
El 68 fue un acontecimiento histórico de gran magnitud que
impactó a grandes sectores sociales mediante los jóvenes
estudiantes, quienes como nunca sintieron el cariño popular
no sólo en la ciudad de México y sus alrededores, sino en
todos los estados donde el movimiento se expandió. Se
demandaban mínimas libertades democráticas, la libertad de
los presos políticos y el fin de un régimen autoritario por
parte de un Estado que nunca estuvo dispuesto a resolver el
conflicto. Se llegó hasta el final trágico decidido por el
poder, hasta Tlatelolco, donde se aprendió la significación
de la dignidad y la lucha que no claudican y que fructifican
hasta nuestros días. Siempre recordaré, en ese día fatídico,
a una mujer imperturbable y erguida en medio de las balas,
los gritos de los heridos y la angustia de la gente que
frenéticamente buscaba protegerse; ella levantó lentamente
sus brazos, haciendo con sus dedos la señal de la V de la
victoria que el movimiento adoptó, mientras la plaza se
llenaba de muerte, dolor y luto.