Agentes
del instituto militar español han detenido esta madrugada
en Bizkaia a cuatro personas, a quienes relacionan con la organización
armada ETA. Los arrestos se habrían registrado en Bilbo,
Arrigorriaga, y Zornotza. El organismo anti-represivo, Askatasuna,
ha confirmado que uno de los detenidos es Iñaki Peña
González (25 años), mientras que fuentes policiales
han difundido las identidades de otros tres: Sonia Marin Vesga
(32 años), Arkaitz Ormaetxea Etxebarria (29) e Igor Zearreta
Garai (27).
El primer arresto se ha producido en un piso de la calle Encarnación
de Bilbo y horas después una mujer ha sido detenida en
una vivienda de la calle Olatxu, en Arrigorriaga, siempre según
fuentes policiales. Algunos medios de comunicación han
señalado durante esta mañana que podría
haber sido detenida otra persona en Zornotza, hecho que ha sido
confirmado posteriormente por fuentes policiales citadas por
Europa Press. A mediodía se ha conocido que una cuarta
persona ha sido arrestada en el marco de este operativo policial
desarrollado en Bizkaia. Concretamente en Zornotza, según
han informado testigos presenciales, el registro, iniciado a
las 08:45 horas, ha concluido pasada la una de la tarde. Los
agentes del Instituto armado han abandonado el lugar en posesión
de un ordenador y dos cajas. El registró se ha desarrollado
en presencia de uno de los arrestados, un joven, que ha abandonado
el domicilio esposado por los guardias civiles españoles.
Además, la Guardia Civil ha registrado las viviendas
de todos los detenidos. Durante el registro de uno de los inmuebles
en Bilbo, vecinos de la zona se han acercado para mostrar su
apoyo a uno de los arrestados. La operación permanece
abierta por lo que no se descarta que en las próximas
horas puedan producirse nuevos arrestos. Ya que la Guardia Civil
busca a una 5 persona que no ha sido hallada en su domicilio
de Zornotza.
Askatasuna
poco después ha confirmado que los detenidos son el joven
del barrio San Inazio Iñaki Peña (arrestado en
Atxuri), la santutxuarra Sonia Marin (detenida en Arrigorriaga),
Arkaitz Ormaetxea e Igor Zearreta, ambos detenidos en Zornotza.
Las detenciones han sido realizadas bajo la supervisión
del Juzgado Central de Instrucción número 5 y
de la Fiscalía de la Audiencia Nacional. El organismo
anti-represivo ha denunciado con contundencia los arrestos y
ha mostrado su preocupación por el trato al que los cuatro
ciudadanos vascos puedan estar siendo sometidos durante el periodo
de incomunicación en dependencias de la Guardia Civil
española. Por esta razón, ha exigido que "se
les levante la incomunicación que posibilita la aplicación
de torturas". Exigencia que desde Torturaren Kontrako Taldea
de Santurtzi hacemos nuestra y a la que nos sumamos mostrando
nuestra repulsa hacia esta nueva razzia policial. Las palabras
en estos momentos están de sobra, ya sabemos lo sucedido
en los últimos meses con las personas que han sido detenidas
en 9régimen de incomunicación, las denuncias por
las torturas padecidas a manos de la policía han sido
una constate en este comienzo de año 2005.
Según fuentes policiales, los arrestos se habrían
producido a raíz de las declaraciones efectuadas por
Amaia Urizar de Paz en dependencias de la Guardia Civil española
durante su detención incomunicada. Urizar denunció
haber sido torturada por agentes del instituto militar. Entre
otras vejaciones, Urizar denunció haber sido violada
con una pistola durante el periodo de incomunicación,
que se prolongó durante cinco días.
El relato íntegro de Amaia Urizar sobre los cinco días
de detención (fue capturada el 29 de octubre pasado,
2004) ocupa diez folios (si alguien no tiene su testimonio integro
y quiere conseguirlo no tiene más que ponerse en contacto
con santurtzi-tkt@euskalerria.org). En ellos, la joven detalla
que fue violada con una pistola por los guardias civiles encargados
de custodiarla, además de sumergida en una bañera,
entre otros tormentos. Para la mejor comprensión de algunos
extractos del testimonio difundido por Torturaren Aurkako Taldea
(www.stoptortura.com),
cabe citar que Urizar es compañera de Garikoitz Azpiazu,
a quien la Policía atribuye importantes responsabilidades
en ETA. Cualquier comentario añadido está de sobra:
«En el coche iba en medio de dos hombres, llevaba la cabeza
agachada. Nada más entrar, el que iba a mi derecha me
empezó a hablar: ‘Has caído, Amayita, y
esto lo tienes que asimilar; a nosotros nos da igual porque
sabemos todo, pero ten claro que nos lo tienes que contar tú,
y tienes dos formas de hacerlo, por las buenas o por las malas».
«Nada más se abrió la puerta del calabozo,
oí la voz del guardia civil que había ido en el
coche hasta Madrid diciéndole a otro, al que llamó
Garmendia, que hiciese lo que tenía que hacer. Se tiró
sobre mí, me echó a la cama y me agarró
muy fuerte de los brazos. Empecé a gritar que me dejase,
y ellos me gritaban ‘cállate, puta’. Entonces
les ví. Estaban encapuchados y el que había ido
en el coche tenía bajados los pantalones y los calzoncillos,
y venía hacia mí mientras me decía entre
risas ‘nos vamos a follar a la novia del jefe’.
Se tiró sobre mí mientras restregaba su cuerpo
contra el mío (...) Me gritaba ‘¿qué
te dice tu pareja mientras te folla, gora ETA? ¡Seguro
que estás poniéndote cachonda, puta, te vamos
a follar todos y le vas a dar asco porque nos lo vamos a pasar
muy bien contigo!’. Los que estaban en la puerta estaban
pidiendo su turno y entre risas me decían ‘te va
a follar hasta la tía que está aquí con
nosotros’». «Me gritaban y me insultaban ‘puta,
zorra, mentirosa’, y me colocaban una bolsa por la cabeza
mientras la apretaban por detrás. Al principio sentía
calor, tenía la cara empapada en sudor, intentaba moverme
cuando la bolsa me tapaba la boca, no podía respirar
y comenzaba a marearme: conseguía romper la bolsa con
los dientes, y en aquellos momentos, cuando empezaba a respirar
de nuevo, me golpeaban en los oídos sopapos con la mano
abierta». «Estaba cansada, asustada, temiendo lo
que irían a hacer, tenía ganas de devolver, así
que una de las veces que abrieron la ventanilla de la puerta
aproveché para pedirles ir al baño. Entonces uno
de ellos me respondió: ‘Si vomitas, te jodes, y
como se te ocurra te lo comes’». «Las paredes
del calabozo eran de gotelé y no sé cuál
sería la razón, pero veía dibujos en ella,
y se movían. Tenía miedo de salir de allí
loca, el calabozo se hacía grande y se empequeñecía,
la puerta se me acercaba y se me alejaba, el suelo también
se movía». «Me llevaron de nuevo a la habitación
de las baldosas blancas. Al entrar allí oí ruido
de agua, era como si estuviesen llenando algo, y ellos se reían
mientras me susurraban al oído ‘Amaia, Amayita’.
No sé si fue a causa de limpiar toda la habitación
con la lengua. Se cortó el chorro de agua, me obligaron
a dar un par de pasos hacia delante y a ponerme de rodillas.
Me quitaron el antifaz. Me apretaron las esposas, estaba esposada
a la espalda. Ante mí estaba la bañera... Me puse
muy nerviosa e intentaba echarme para atrás, pero no
había escapatoria, estaba rodeada. Ya sabía lo
que me iban a hacer (...)Entonces, entre dos hombres, uno agarrándome
del cuerpo y el otro estirándome del pelo, me metían
la cabeza en la bañera muy bruscamente, de forma que
me golpeaba el pecho contra la bañera; sentía
que me ahogaba, intentaba echarme para atrás con las
piernas, a los lados, pero no podía; movía la
cabeza con todas mis fuerzas para sacarla del agua, pero era
imposible mientras ellos no quisieran. Tragué demasiada
agua, tanto por la boca como por la nariz, tenía la cabeza
mareada, estaba sin fuerzas, pero a ellos les daba igual y seguían
gritando y diciendo nombres y más nombres, que lo asumiera,
que lo asumiera. El llanto no me dejaba decidir nada. Ya no
esperaban ninguna respuesta puesto que no daban opción
a responder, sólo me daban tiempo a que respirase un
momento. No podía más, en aquellos momentos pensaba
que no iba a salir viva de allí, que no podía
hacer nada, y dejé mi cuerpo como si se tratase de una
marioneta. No hacía fuerza, sólo quería
que aquello acabase; si su objetivo era matarme, que lo hiciesen
cuanto antes».
«Me cubrieron los ojos mientras me decían que me
llevaban donde el forense (...)Allí había un hombre,
me enseñó el carné un momento, y yo le
notaba como con desconfianza. Lo primero que me preguntó
es si había sufrido malos tratos, y yo entre sollozos
le contesté que no. Le dije que me mirase los ojos, porque
tenía hinchado y rojo el ojo izquierdo. Me echó
un vistazo y me dijo que aquello no era nada, que seguramente
se habría infectado al hacerme la bañera, y me
preguntó si quería un colirio. No me lo podía
creer. Me preguntó si había sufrido malos tratos
y luego él me dijo lo de la bañera. No quise el
colirio». «Estuvieron enseñándome
fotografías y más fotografías hasta que
se cansaron, y entonces el que hacía el papel de jefe
empezó a gritarme ‘¡puta zorra, si no has
aprendido nada en estos días, lo vas a aprender!’.
Me dijo que en aquel momento le daba igual pegarme dos tiros,
y me puso de nuevo el antifaz (...) Me dijo que el juego se
había acabado. Me levantó un poco el antifaz y
me enseñó una pistola, era de metal. Yo intenté
revolverme, estaba aterrorizada pensando que me iban a pegar
dos tiros... Entre risas me preguntaron si la quería
coger con las manos, a ver si tenía ‘cojones’
como mi hermano y mi compañero para dispararles; yo les
decía que no, entre sollozos, temblando, y ellos entre
risas me decían cosas del estilo de ‘puta traidora’.
Entonces sentí el metal entre mis piernas y un guardia
civil me susurró que no me moviese. Yo lloraba y empecé
a gritar como una loca, mientras hacía fuerzas por juntar
mis piernas, pero no podía porque tenía atados
los tobillos a las patas de la silla... Me puso la pistola entre
las piernas y con su mano me apartó el tanga; yo le gritaba
que me dejase en paz, pero él comenzó a golpearme
en los oídos con las manos abiertas a la vez que me gritaba
que estuviese quieta o que se le iba a escapar un tiro porque
la pistola estaba cargada. Oía las carcajadas de los
demás diciendo cosas del estilo de ‘zorra, guarra,
puta, si te va a gustar...’. Me introdujo el cañón
de la pistola en la vagina mientras me gritaba al oído
una y otra vez ‘¿qué te dice (por mi pareja)
cuando te folla, gora ETA?’ No podía parar de llorar
y ya no tenía fuerzas para gritar. Empezó a introducirme
y a sacarme la pistola de forma más violenta, lo que
me provocaba dolor, mientras el que me estaba violando me susurraba
‘si te gusta, puta’, ‘no vas a tener un hijo
porque te voy a pegar dos tiros’... Su olor se me metía
hasta dentro, me daba asco, no sé si alguna vez se me
irá ese olor de la cabeza... Todos estaban riéndose,
uno me sujetaba por el cuello mientras el otro, una y otra vez,
me metía y me sacaba el cañón de la pistola
en la vagina y me sobaba el pecho de forma muy brusca, apretándome
el pecho con las manos. Notaba dentro de mí el frío
del metal, ellos me repetían que la pistola estaba cargada
y que si disparaban sería mi culpa... No sé durante
cuánto tiempo se prolongó la violación,
pero me quedé muda, estaba como perdida; en aquella habitación
estaban violando mi cuerpo, pero por un momento yo conseguí
huir de allí, entre sollozos, pero conseguí huir
de allí; me acordaba de la gente de mi entorno, estaba
con ellos y con ellas, estaba protegida... De repente sacó
muy bruscamente el cañón de la pistola de dentro
de mí, mientras les decía a los demás ‘mirad,
si se ha corrido la puta ésa’, ‘habrá
que repetir, que a la guarra le ha gustado’... Volví
a la realidad, me encontraba completamente dolida... De nuevo
me enseñaron las fotografías, de una en una, y
me decían respecto de cada persona lo que yo les había
dicho (de qué pueblo eran...)más lo que ellos
les querían imputar; me decían que tenía
que aprenderlo todo de memoria para repetirlo todo cuando me
subiesen a declarar... Lo repitieron en muchas ocasiones, yo
tenía que repetirlo todo una y otra vez, y si me confundía
en algo de nuevo empezaban a golpearme en los oídos con
las manos abiertas, y a amenazarme diciéndome que iban
a violarme de nuevo».
«No podía conciliar el sueño, estaba aterrorizada
y nerviosa (...) Me sentía sucia, me daba asco el mero
hecho de pensarlo, no sabía la razón por la que
me habían violado y no podía dejar de llorar (...)
Nada más entrar en el baño me quité el
tanga para comprobar si me habían causado un desgarro
o algo del estilo, porque me dolía mucho, pero estaba
‘bien’». «Me dijeron que ante el juez
tenía que ratificar las declaraciones, que si no ya sabía
lo que esperaba y que no le dijese nada sobre las torturas si
no quería volver allí... Entonces se fueron. Después
me metieron en un furgón quitándome el antifaz,
me llevaban a la Audiencia Nacional. Empecé a llorar.
Por fin estaba fuera de aquel infierno».
Mayo
9 de mayo del 2005.